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La ira y sus consecuencias

En la sociedad de hoy en día, la prisa, los fallos tecnológicos y las relaciones turbulentas entre amigos, parejas o compañeros de trabajo son fuentes comunes de ira. Cada ser humano reacciona con rabia ante diferentes situaciones, y suele depender de la edad, el sexo, el nivel de educación y el estado de ánimo en un momento determinado. No dormir lo suficiente también aumenta la probabilidad de que sus respuestas emocionales sean más impulsivas e intensas.

Hay otras personas que reaccionan de manera intolerante ante cualquier situación que les moleste o con la que no están de acuerdo, presentando estos cuadros de ira constantemente y con más intensidad que otras personas.

También muchas personas a medida que envejecen y ven limitadas ciertas actividades, ven que disminuye su movilidad física o pasan por la pérdida de un familiar o cónyugue, tienden a enfadarse, y un reciente estudio de la Universidad de Concordia, en Estados Unidos muestra que esa ira también puede conducir al desarrollo de enfermedades crónicas, y en el caso de las personas mayores puede ser mucho más dañina que la tristeza. Aunque la ira a veces funciona como combustible para superar los desafíos de la vida y las pérdidas emergentes relacionadas con la edad, el estudio halló que experimentar enojo diariamente estaba relacionado con niveles más altos de inflamación y enfermedades crónicas en personas de 80 años o más.

Aunque a veces la ira puede estar justificada, es malo sentir ira cuando no existe una razón justificada para enojarnos. Algunas personas creen que dar rienda suelta a la ira es una muestra de fuerza, pero lo cierto es que quien no puede controlar la ira tiene una gran debilidad.

Cuando sienta que la ira comienza a crecer dentro de usted, pare y recapacite por un momento. Controle sus emociones y explique a quienes se encuentran a su alrededor por qué está enfadado, de forma tranquila y calmada, sea constructivo y no destructivo, aprenda a hacer peticiones y no exigencias, para que le respeten sus argumentos y le escuchen.

Cuando los enfados son desproporcionales o demasiado frecuentes en nuestras vidas, aparecen los problemas; aumenta la inflamación, que se relaciona con enfermedades crónicas como las enfermedades cardíacas, la artritis y el cáncer. Cosas sencillas como darse un baño relajante, un paseo o leer un buen libro le pueden ayudar. El ejercicio físico también le ayudará a prevenir que la ira se acumule en su organismo y mejorará su autoestima. Trate de hacer cosas que le diviertan y le entretengan, cuide su salud y la de quienes le rodean.

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